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Antihistamínicos: qué son, para qué sirven y cuándo tomarlos

Los antihistamínicos son los fármacos más empleados en el tratamiento de las enfermedades alérgicas. Actúan anulando la acción de la histamina en las reacciones alérgicas, bloqueando sus receptores.​ La histamina es una sustancia química que se encuentra de forma natural en las células de nuestro sistema inmunitario y constituye un mediador fundamental de la respuesta alérgica.

El efecto sedante de los mismos sirvió para poner a la luz, que la histamina no solo se relaciona con la respuesta inmune, sino que también interviene en el sistema nervioso central (SNC), regulando diversas funciones como el sueño y la actividad motriz.

¿Para qué sirven?

Los antihistamínicos se usan para paliar los síntomas de enfermedades alérgicas: rinitis y urticarias agudas o crónicas, para controlar el prurito (picor), pues muchos de los efectos de las reacciones alérgicas (picor de ojos, goteo de nariz, picor de piel) están causados por la liberación de histamina.

También pueden usarse en el tratamiento y prevención de la cinetosis (mareo de movimiento o del viajero) y de determinados síndromes vertiginosos, o como tratamiento inicial del insomnio y la migraña.

Se clasifican en tres generaciones:

  • Primera generación: clorfeniramina, la clemastina, difenhidramina, el dimenhidrinato, la doxilamina. Actúan sobre el SNC pudiendo causar somnolencia (la histamina nos ayuda a estar despiertos), aumento del apetito, sequedad de boca, visión borrosa, retención de orina, estreñimiento, etc.
  • Segunda generación: la cetirizina, la ebastina, loratadina, la rupatadina: se denominan también “no sedantes”, son más seguros frente al rendimiento laboral y escolar. Se consideran medicamentos seguros para poder conducir y realizar otras actividades que requieran cierta concentración, pues no interfieren en el SNC como los de primera generación.
  • Tercera generación: desloratadina, la levocetirizina. Se trata de derivados de la segunda generación y tienen como objetivo potenciar la eficacia y reducir sus efectos secundarios.

¿Cuándo hay que tomarlos?

Los antihistamínicos son un tratamiento sintomático; es decir, consiguen paliar los síntomas de enfermedades alérgicas: prurito y enrojecimiento de la piel; picor nasal y ocular; lagrimeo, estornudos, la destilación nasal, etc., pero no se consideran curativos. Lee aquí cómo combatir la alergia al polen.

Por lo que lo habitual es tomarlos a demanda en función de los síntomas alérgicos, ,aunque muchas enfermedades alérgicas, como la rinitis alérgica o la urticaria, pueden ser muy persistentes en el tiempo y beneficiarse del tratamiento continuo durante varios meses. Lee aquí la diferencia entre alergia ambiental y resfriado.

Por todo ello, la decisión de un tratamiento continuo o a demanda con antihistamínicos dependerá siempre del médico que los prescriba, en función de cada caso y de cada paciente.

Desde Mediquo insistimos en que no deberían tomarse antihistamínicos por propia iniciativa, recomendando siempre consultarlo con nuestros profesionales del chat.

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