La obesidad no es un simple exceso de peso: es una enfermedad crónica compleja que suele estar acompañada de otras alteraciones llamadas comorbilidades metabólicas, que impactan directamente en la calidad de vida y en el riesgo de desarrollar complicaciones graves.
¿Qué significa?
Se centra en el abordaje integral de los trastornos relacionados con el metabolismo. Esto implica estudiar cómo el cuerpo procesa y almacena la energía, cómo maneja el azúcar en sangre, los lípidos y las hormonas, y cómo todo ello se relaciona con la obesidad.
Se valora cada caso desde un enfoque clínico completo, teniendo en cuenta factores como el perfil glucémico, cardiovascular, hepático y hormonal.
Enfermedades metabólicas asociadas a la obesidad
Las más frecuentes son:
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Diabetes tipo 2: resistencia a la insulina y elevación crónica de la glucosa en sangre.
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Prediabetes: una fase intermedia en la que los niveles de azúcar son más altos de lo normal, pero aún no alcanzan el rango de diabetes.
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Dislipidemia: colesterol elevado, triglicéridos altos o HDL bajo.
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Hipertensión arterial: aumento de la presión arterial, muy común en personas con sobrepeso.
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Enfermedad del hígado graso no alcohólico (EHGNA): acumulación de grasa en el hígado vinculada a la obesidad.
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Síndrome metabólico: conjunto de factores de riesgo (obesidad abdominal, hipertensión, glucosa elevada, colesterol y triglicéridos alterados).
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Apnea del sueño: trastorno respiratorio nocturno que también se considera comorbilidad frecuente.
¿Qué son las comorbilidades?
El término comorbilidad hace referencia a la presencia de una o varias enfermedades adicionales que aparecen junto con la obesidad. Son importantes porque influyen en la elección del tratamiento y en la urgencia de intervenir.
Por ejemplo, no es lo mismo un paciente con obesidad y sin otras patologías que otro con obesidad y diabetes tipo 2. En este último caso, el abordaje debe ser más intensivo y con mayor control médico, porque el riesgo cardiovascular y metabólico es mucho más alto.