Dejar de fumar sigue siendo uno de los mayores desafíos de salud pública en España. A pesar de que casi siete de cada diez fumadores quieren abandonar el tabaco, solo una minoría lo consigue sin ayuda médica. Para facilitar este proceso, el sistema sanitario público financia desde hace años distintos tratamientos farmacológicos, entre ellos Recigarum en pastillas, uno de los medicamentos con mayor evidencia clínica para la cesación tabáquica.
Desde enero, el Ministerio de Sanidad mantiene la financiación de este fármaco, indicado para fumadores adultos motivados para dejar el consumo de tabaco de forma definitiva.
¿Qué es Recigarum y cuál es su principio activo?
Recigarum es un medicamento de prescripción médica cuyo principio activo es la citisiniclina, una sustancia utilizada desde hace décadas en Europa del Este para el tratamiento de la dependencia a la nicotina.
Está desarrollado por el laboratorio polaco Adamed y cuenta con autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS).
La citisiniclina actúa sobre los receptores nicotínicos del cerebro, ayudando a:
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Reducir el deseo intenso de fumar
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Disminuir la ansiedad y los síntomas de abstinencia
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Bloquear parcialmente el efecto gratificante del tabaco
Cómo funciona la citisiniclina para dejar de fumar
La citisiniclina es un agonista parcial de los receptores nicotínicos, lo que significa que:
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Simula de forma controlada el efecto de la nicotina
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Reduce la necesidad física de fumar
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Disminuye el refuerzo positivo del cigarrillo
Gracias a este mecanismo, el fumador puede abandonar el tabaco de forma progresiva, con menos síntomas de abstinencia y mayor probabilidad de éxito.
Pauta de Recigarum en pastillas: tratamiento de 25 días
El tratamiento con Recigarum en comprimidos tiene una duración total de 25 días, siguiendo una pauta descendente perfectamente definida en su ficha técnica oficial.
Esquema de tratamiento con citisiniclina en pastillas:
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Días 1 a 3:
1 comprimido cada 2 horas → hasta 6 comprimidos al día -
Días 4 a 12:
1 comprimido cada 2,5 horas → hasta 5 comprimidos al día -
Días 13 a 16:
1 comprimido cada 3 horas → hasta 4 comprimidos al día -
Días 17 a 20:
1 comprimido cada 5 horas → hasta 3 comprimidos al día -
Días 21 a 25:
1–2 comprimidos al día
👉 El paciente debe dejar de fumar completamente a partir del día 5 del tratamiento.
En caso de recaída o fracaso, el tratamiento debe suspenderse y solo podrá reiniciarse tras 2 o 3 meses, siempre bajo supervisión médica.
¿Quién puede beneficiarse de Recigarum en comprimidos?
Recigarum en pastillas está indicado para:
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Fumadores adultos con dependencia a la nicotina
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Personas motivadas para dejar de fumar
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Pacientes que prefieren una pauta estructurada y corta
Se trata de una opción especialmente útil para quienes:
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Pueden seguir tomas frecuentes durante el día
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No presentan dificultades para tragar comprimidos
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Buscan un tratamiento farmacológico con respaldo científico
¿Está financiado por la Seguridad Social?
Sí. Recigarum en comprimidos forma parte de los tratamientos antitabaco financiados en España desde enero de 2020, aunque bajo criterios específicos.
Entre los requisitos actuales de financiación se incluyen:
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Consumo mínimo de 10 cigarrillos al día o alta dependencia
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Prescripción médica
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Limitación a un intento financiado al año
Tabaquismo: una enfermedad crónica y adictiva
El tabaquismo no es un hábito, sino una enfermedad crónica, adictiva y recidivante, responsable de millones de muertes cada año. Está directamente relacionado con:
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Enfermedades cardiovasculares
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Cáncer
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Patologías respiratorias crónicas
Abandonar el tabaco reduce de forma significativa el riesgo de infarto, ictus y mortalidad prematura, incluso en personas que han fumado durante décadas.
Un tratamiento eficaz dentro de un abordaje médico
Recigarum en pastillas no es una solución milagrosa, pero sí una herramienta eficaz y coste-efectiva, especialmente cuando se combina con:
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Consejo sanitario
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Seguimiento médico
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Motivación activa del paciente
La financiación pública de este tipo de tratamientos mejora las tasas de abandono y reduce las desigualdades sociales en salud, tal y como recomiendan la OMS y las principales guías clínicas internacionales.